“La cultura es lo que te queda cuando todo lo demás se te olvida”, solía decir mi abuela. Se refería, quizá sin saberlo, a uno de los elementos clave de esa realidad a la que definimos como “cultura”: algo que nutre a un grupo de personas, aun cuando éstas no sean conscientes de ello.
Podríamos definirla como el conjunto de creencias, actividades y objetos compartidos que caracterizan a un grupo humano y su relación con la realidad. Cuando se trata de culturas ancestrales, nuestra única referencia suelen ser los objetos: vasijas, armas, templos, casas, pinturas, etc., que nos remiten a posibles actividades rituales —festividades, eventos— que al final nos permiten entender sus creencias.
Pero la cultura no es sólo algo del pasado. Nuestro mundo moderno es el resultado de un constante contacto entre distintas culturas. Hablamos de “los países del primer mundo” o “en desarrollo” y entendemos que, además de indicadores económicos, comparten comportamientos: su vocación laboral, el número de hijos que suelen tener por pareja, los índices de casamientos y divorcios, su relación con la religión, con la política, etc. Todo eso nos habla de una serie de creencias en común: el papel de los sexos en la sociedad, el rol de los hijos, la perspectiva de lo que es valioso y lo que no.
La cultura se gesta incluso dentro de grupos más pequeños, como las empresas o las familias. Cada empresa tiene su propia cultura; cada familia, también. Pueden compartir mucho o poco con la cultura del país o de la región en la que se encuentran, pero a la vez presentarán rasgos, actividades y objetos muy propios.
Algunas familias suelen dedicar tiempo, en las fiestas de fin de año, a que todos los adultos hagan un pequeño discurso sobre lo que quieren agradecer del ciclo. Otras prefieren realizar juegos y divertirse. Otras llevan a cabo ritos propios de su religión.
Algunas más organizan baile y una fiesta en grande. Se pueden mezclar varias de estas actividades. Y existen aún otras familias que prefieren una ceremonia muy privada e íntima.
Aunque en la región o en su país se acostumbre un platillo específico, o ciertas actividades, cada familia lo vive diferente. A nivel empresa, por ejemplo, se dice que en las oficinas originales de Hewlett Packard siempre había una fotografía en blanco y negro del cobertizo de madera en el que ambos inventores comenzaron. Como una forma de recordar el origen a los nuevos directivos.
Geert Hofstede sintetizaba la cultura en tres grandes dimensiones: leyendas, ritos y símbolos. Las leyendas serían narraciones que sintetizan algún valor cultural. Sus protagonistas son los héroes de esa cultura. Esos valores son las creencias subyacentes en la cultura. Los ritos son las tradiciones que repetimos año con año, recordando aquellas historias y aquellos héroes. Los símbolos son los objetos que nos recuerdan todo aquello.
El decorado árbol navideño es un símbolo que nos remite a una tradición: la celebración hacia fin de año de la Navidad, en familia, con cena, regalos y otras actividades. La tradición, a su vez, nos remite a una narración y a un héroe: la historia de la natividad de Jesús en Belén. Por supuesto, no había pinos ni nieve en las inmediaciones de Judea cuando el posible nacimiento de Jesús. Son símbolos que se fueron incorporando de distintas tradiciones y que fueron enriqueciendo la cultura contemporánea. Todas nuestras tradiciones son ahora la suma compleja de grandes culturas que han ido nutriendo a la nuestra.
Lo anterior nos demuestra lo más importante: la cultura es algo vivo. Si cada familia y cada empresa y cada grupo humano tiene la suya propia, quiere decir que cada persona es capaz de aportar, moldear y evolucionar elementos de las culturas en las cuales se desarrolló. En la medida en la que más gente adopta y sigue esos cambios, la cultura global se transforma. Y los cambios se adoptan pues se percibe valor en ello. Buscar evolucionar la cultura es buscar el cambio social y, con ello, el de todos nosotros. Es labor de los educadores y de todo el sector del conocimiento el trabajar para evolucionar la cultura siempre hacia el bien común.

